Muy buenas. Nadar y ahogarse en la orilla. Así podríamos resumir el periplo de nuestro último proyecto del estudio RTVS, seguimiento de becadas por satélite.
Porque los dos meses en los que la becada ha portado el GPS nos han dado una alegría tras otra. La primera, el aparato de seguimiento es un “pepino”, con un número elevado de localizaciones y de gran calidad.
La segunda, Arpea ha mostrado un comportamiento absolutamente novedoso si lo comparamos con el resto de becadas que habíamos seguido con anterioridad. Nos ha enseñado la gran cantidad de recursos que son capaces de mostrar estos pájaros, con una rotación continua del número de ubicaciones en las que pasaba las horas diurnas y nocturnas.
Esta conducta tan loca ha hecho que le hayamos tomado un especial cariño, ya que se ha salido del seguimiento más o menos aburrido que suelen mostrar estas aves fuera de su periodo migratorio.
El penúltimo episodio llegaba conforme se acercaba la fecha teórica de la migración prenupcial, en la que las becadas emprenden su periplo hacia el norte para su periodo de reproducción.
Y es que avanzaba el mes de marzo y a pesar de las numerosas ventanas favorables para la contrapasa, con altas presiones y vientos de cola, Arpea se resistía a abandonar Garralda. Algo no habitual, pero tampoco excepcional. De momento.
La gran sorpresa llegaba a principios de abril y con Arpea todavía asentada en los hayedos de La Casa de la Becada. Esto empezaba a ser bastante más extraño y comenzaba el runrún sobre una hipotética posibilidad de que Arpea fuese una becada autóctona.
El detonante que disparó la ilusión fue la última emisión, el 10 de abril, con Arpea aún en Garralda y moviéndose con su habitual soltura por estos montes. Había que actuar con prudencia y esperar algunos días más para confirmarlo, ya que hemos tenido el caso de una becada que inició la migración un 19 de abril, pero había sólidas esperanzas de habernos topado con una rara excepción.
El jarro de agua fría vendría unos días después, ya que las localizaciones seguían en Garralda, pero centradas en un área muy concreta y lo que es peor, la sonda de temperatura del aparato indicaba una gran probabilidad de que el aparato no estuviera sobre un ave viva.
El siguiente paso era iniciar una expedición de búsqueda, aprovechando la evolución técnica de estos dispositivos, que permiten localizarlos mediante Bluetooth a una distancia moderada.
En poco más de una hora de rastreo localizábamos el PTT, todo un logro, pero a la vez un terrible chasco, ya que Arpea no estaba por allí y sí había claras señales de que había sido depredada por alguna rapaz. Unas pocas plumas por los alrededores y el arnés del aparato bastante dañado, señal de que no se había desprendido del ave de forma natural, confirmaban las sospechas.
La existencia de plumas de arrendajo y corneja en la zona deja pocas dudas de que se trataba de un desplumadero de algún azor.
Lo mejor de esta historia es que el aparato, con una gran coste económico, podrá ser reutilizado para nuevos seguimientos. El lado triste de la historia es la muerte del ave y la imposibilidad de confirmar si se trataba de una nidificante de Garralda.
Aquí os enseñamos algunas imágenes de la recuperación del PTT.



Eso es todo por ahora. En fechas próximas informaremos a través del Blog del resumen de la pasada temporada. Mientras, comienza el análisis de los archivos de audio generados por los dispositivos de escucha de becadas en croule. El proyecto no para.
Saludos.
