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Anillamiento científico

Después de la tormenta vuelve la becada

Dejábamos la anterior entrada de este blog valorando las consecuencias que el temporal «Filomena» tuvo sobre La Casa de la Becada y sus vecinas de pico largo. Muchos días de temperaturas bajo cero y suelo cubierto de nieve provocaron que la mayoría de becadas buscaran lugares más acogedores y en las salidas de anillamiento apenas localizábamos alguna valiente que todavía permanecía en la zona. Además, los pesos escasos que presentaban eran un indicativo de que no tenían acceso a una cantidad elevada de lombrices.

El polvo sahariano ha teñido de amarillo los cielos en febrero

Sin embargo, febrero se ha mostrado bastante más clemente y hemos disfrutado a lo largo del mes de temperaturas francamente elevadas para la época. Así, en la salida de anillamiento del 18 de febrero y haciendo un recorrido exacto al de un mes antes encontrábamos tres veces más becadas, con la sensación de que eran viejas conocidas por los lugares de los prados que ocupaban. Es curioso observar como siempre están en la misma parcela de terreno, aquella que les proporciona seguridad y alimento.

Vienen semanas interesantes para el anillamiento

Se trataba de ejemplares muy desconfiados, muy posiblemente becadas que ya han visto el foco en anteriores ocasiones e incluso habrán caído en la red, así que tan solo una becada se dejó atrapar y ¡Bingo! Se trataba de un individuo adulto que fue anillado el pasado 1 de diciembre.

En total fueron avistadas 15 becadas, número muy similar a las 18 aves localizadas en esa misma fecha en febrero de 2020, lo que nos hace afrontar esta recta final de la temporada de anillamiento con bastante optimismo. Todavía quedan los mejores momentos cuando el grueso de la migración prenupcial atraviese el Pirineo.

Mientras tanto la naturaleza sigue su curso y muchas aves han comenzado a emigrar camino del norte en busca de sus cuarteles de cría. Los cantos de grullas y gansos amenizan las noches de anillamiento, recordándonos la importancia de estos valles como pasillo migratorio. Los cárabos reclaman desde todas las esquinas y algún búho campestre se deja ver. Mientras, los tejones, zorros y liebres se muestran especialmente activos en las praderas, con persecuciones, carreras y peleas, claro indicio de que estamos en plena época de amoríos.

También ciervos y corzos se alimentan del pasto recién brotado, impasibles ante nuestra presencia, recuperando fuerzas tras la pérdida de reservas que les ocasionó el temporal.

Y en las balsas las ranas bermejas, símbolo de estos hayedos pirenaicos, completan la «friega» depositando miles de huevos, un nuevo ciclo se abre paso en «La Casa de la Becada».

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